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Siempre me ha gustado el orden. No soy una persona maniática ni obsesiva, pero me gusta que cada cosa ocupe su lugar en el espacio. Me da serenidad. Por eso, hace poco tomé la decisión de poner algo de orden en mis perfiles de redes sociales. Al fin y al cabo es un lugar donde paso gran parte de mi tiempo profesional y de ocio.

Y es que el orden ofrece múltiples ventajas como explica este post sobre interiorismo y que podríamos extrapolar al Social Media:

  • Tiempo. Ése tan preciado y que vale su transcurso en oro. Si establecemos pautas en nuestros perfiles y su uso, ahorraremos valiosos minutos cuando queramos comunicarnos en el mundo digital.
  • Estrés. La epidemia del siglo XXI. Temido y odiado. ¿Quién no ha sentido alguna vez agobio por ver las notificaciones en las apps sociales de nuestros móviles y tabletas? Organizar contactos, asignar usos y fines concretos a las redes… en definitiva, simplificar nuestra presencia (que no disminuirla) minimizará también nuestro estrés.
  • Ambas cosas generan confianza, tanto propia como para el que nos lee.

Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien.

Pitágoras

Quizás, tú también te has dicho en ocasiones que tus redes parecen más una leonera que una comunidad (y no lo digo precisamente por los trolls). Así que puede que mi experiencia te ayude a armonizar tu vida digital, no tanto por seguir a rajatabla mis pasos sino porque puede darte ideas que puedas aplicar.

 

¿Para qué?

Es la primera pregunta que tenemos que hacernos ante cada una de las redes sociales: ¿Para qué quiero estar en Facebook? ¿Para qué voy a usar Twitter? Voy a abrir una cuenta en Instagram para… Responder a estas preguntas nos hará prácticamente la mitad del trabajo. En mi caso, he decidido diferenciar mi presencia en las redes según el fin privado o el profesional, si bien reconozco que Twitter es la excepción que marca la regla y en la que mezclo ambos aspectos por una razón que luego os explicaré.

 

Redes privadas

Cuando comencé a usar Facebook vi claro que ésta me ayudaría a estar en contacto con personas que conocía desde hacía tiempo y que estaban lejos o que no veía muy a menudo. Eso fue en 2009. En todos estos años, mis “amigos” han ido creciendo al tiempo que conocidos de toda la vida (como mi madre) iban abriéndose una cuenta en la red o que iba ampliando mi red de contactos. De esta manera muchas de las personas que conocí a raíz del trabajo se han incorporado a mi lista. Pero llegó un momento en el que sólo con hacer una entrevista, alguien solicitaba mi amistad; o éstas venían de personas que veía la cadena de televisión para la que trabajaba.

Decidí aplicar un nivel de privacidad alta en la red. Y de aceptar todas las solicitudes comencé a pensarme mucho a quién aceptar o no. Algo similar me ocurrió en Instagram, donde establecí mi perfil como privado.

Si alguna vez te has preguntado porqué no te he aceptado en Facebook o por qué un día dejé de “ser tu amigo” el motivo puede ser variado: no te conozco de nada; te conozco sólo por algún encuentro profesional o ya te tengo en otra red que creo más adecuada para nuestra relación.

 

Redes profesionales

En ocasiones compañeros de profesión ha solicitado mi amistad. No los he aceptado por las razones antes expuestas, pero tampoco he renunciado a tener un contacto digital con ellos (no soy ninguna asocial y siempre estoy dispuesta a abrir mi círculo). Así, en el polo opuesto de Facebook está LinkedIn, donde tengo un perfil en continua actualización y crecimiento (es una de mis tareas pendientes mientras escribo este post). Además, aprovechando la gentileza de Google al ofrecerme una cuenta en una red social que es como los billetes de 500 euros (todo el mundo sabe que existe pero pocos lo han visto), he tomado la decisión de darle este mismo uso a Google+. Y puesto que Instagram la he cerrado a mi círculo más cercano, corrí a abrir un perfil en Pinterest para cubrir la faceta gráfica de la presencia digital (y ahí estoy, peleándome aún para ver cómo se usa).

 

¿Y Twitter?

Twitter es toda una amalgama. Y mi pasión. Me sirve para estar al día de la actualidad, para conectar con compañeros de profesión, para seguir a los programas de televisión y escritores que me gustan, para reír y divertirme, para conocer a aquellos que comparten mis gustos (y que por desgracia no proliferan en la vida 1.0). Y sí, me gusta mirar mi TL de arriba a abajo. Disfruto haciendo ese repaso, aunque sea al final del día y tenga 1000 tuits por ver.

Esta fue la razón que movió a poner algo de orden. ¡Me faltaba tiempo para ver todo lo que compartían los más de 400 tuiteros a los que seguía! No quedaba más remedio, tenía que poner orden, simplificar.

 

Lo más difícil: Cómo

Durante días analicé los contactos de las diferentes redes sociales. Evalué su relación conmigo, el contenido que aportaba, las veces y el tiempo que lo había tenido silenciado (sí, es una práctica a la que he tenido que recurrir en ocasiones) y tomé la difícil decisión de cribar. Twitter y Facebook fueron las principales víctimas, ya que el resto de redes son más recientes y he podido ir aplicando el criterio de privado/profesional desde mis comienzos en ellas.

En Facebook eliminé también páginas cuyo “me gusta” sólo había pulsado por recomendación de otros amigos, no porque me gustaran de verdad.

En Twitter hice listas de mis followings, agrupados en grandes temáticas, para favorecer su seguimiento y leer los tuits de aquellos a los que había excluido de esta red social, pero que siguen siendo mis contactos por otras vías.

 

Y esto es todo lo que he hecho hasta ahora, aunque me temo que no será definitivo, ¿o es que la casa nunca se desordena después de haberlo recogido todo? Espero que estas letras te ayuden a simplificar y optimizar, ya que de lo que se trata es de ganar tiempo y establecer límites. Porque el digital no es un mundo paralelo, sólo la extensión de nuestra vida offline 😉

 

El día en que puse orden en mis Redes Sociales
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